Nos gusta complicar las cosas. ¿La excusa para hacerlo? ¿Tal vez satisfacer la fascinación que la complejidad despierta entre las nuevas generaciones de tecnócratas y burócratas necesitados de aparentar? ¿O será que disfrazamos la incapacidad de dar con la solución con mera espectacularidad tecnológica o presupuestaria? Vaya usted a saber. La cuestión es que analizando casos de éxito uno llega a la conclusión que del análisis lógico siempre nacen ideas simples pero eficaces, por más complejo que resulte el reto al que nos enfrentamos. ¡Es que incluso los retos más simples se intentan superar con soluciones de alta complejidad! Pues resulta que la lógica y la simplicidad siempre están presentes en la esencia del éxito.
Especialmente en momentos donde son tantos los que han perdido el rumbo, no es extraño que unos diseñen campañas complicadas para soluciones sencillas y otros las compren entusiasmados.
Muchas agencias han desterrado de sus planteamientos la lógica y la sencillez. O al menos eso parece. Todo en pro de la complejidad más exuberante. Para ellas eso es lo primordial -se convierte en un objetivo en sí mismo, por encima del objetivo motivo de la propia campaña- porque les ayuda a vender "su" campaña. Campaña que, desde cualquier otro punto de vista racional, especialmente el de resultados, sería invendible.
Son campañas creadas, eso sí, para clientes poco exigentes en cuanto a orientación a ROI y resultados, pero que sí son exigentes, en cambio, en cuanto a la espectacularidad, visibilidad y notoriedad superficial.
Sin duda, esta estrategia beneficia a las agencias que diseñamos campañas de márketing orientadas simplemente a resultados. Basándonos en la lógica y la sencillez creamos campañas a medida de las necesidades reales de clientes reales que persiguen resultados también reales.
¿Cómo lo hacen? Invítanos a un café y te lo contamos.
Buen provecho.
Joan Vilà
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